SENSIBLES AL SUFRIMIENTO
Desde las comunidades de Jesús el sufrimiento de los inocentes ha de ser tomado en serio; se tiene que escuchar un grito de indignación absoluta: no puede ser aceptado socialmente como algo normal pues es inaceptable para Dios.
ESPÍRITU: ˇSÁLVANOS!
El Espíritu Santo de Dios no es propiedad de la Iglesia. No pertenece en exclusiva a las religiones. Hemos de invocar su venida al mundo entero, tan necesitado de salvación.
AMISTAD EN LA IGLESIA
En la Iglesia nos hemos de querer sencillamente como amigos y amigas. Y entre amigos se cuida la igualdad, la cercanía y el apoyo mutuo. Nadie está por encima de nadie. Ningún amigo es seńor de sus amigos.
AL AMANECER
"…estaba amaneciendo cuando Jesús se presentó en la orilla" y "no sabían que era Jesús”. Preocupados por sobrevivir, no nos resulta fácil reconocer entre nosotros la presencia de Jesús resucitado…
ENCONTRAR AL RESUCITADO
Para encontrarnos con el Resucitado es necesario hacer un recorrido interior. Si no lo encontramos dentro de nosotros, no lo encontraremos en ninguna parte. No nos encontraremos con él, si no buscamos el contacto vivo con su persona.
CON LOS BRAZOS ABIERTOS
Como el padre de la “parábola del hijo pródigo”, con los brazos siempre abiertos acoge y protege Dios a los pecadores…
ESCUCHAR A JESÚS
Los cristianos de hoy necesitamos urgentemente "interiorizar" nuestra religión si queremos reavivar nuestra fe. Necesitamos escuchar a Jesús vivo en lo más íntimo de nuestro ser.
FALTA ESPÍRITU PROFÉTICO
A los seguidores de Jesús nos cuesta aceptar su dimensión profética. Olvidamos que Dios se ha encarnado y revelado en un Profeta enviado por el Espíritu a anunciar a los pobres la Buena Noticia y a los oprimidos la liberación.
UN GESTO POCO RELIGIOSO
“Había una boda en Galilea". Así comienza este relato en el que se nos dice algo inesperado y sorprendente. La primera intervención pública de Jesús, el Enviado de Dios, no tiene nada de religioso. No acontece en un lugar sagrado.
INICIAR LA REACCIÓN
Lo mejor que podemos dejar en herencia a las futuras generaciones es un amor nuevo a Jesús y una fe más centrada en su persona y su proyecto. Lo demás es más secundario.

