MISIONERA POR PRIMERA VEZ
Una experiencia impresionante

 

Antes de que leas el testimonio de Emily, me gustaría explicar cómo llegó a ser misionera. Hace tiempo pensé que me gustaría pasar momentos bonitos con mi sobrinos, ellos viven en Los Ángeles Ca., y de vez en cuando nos miramos; la verdad no sé cómo fue que un día le dije a mi hermana que si me prestaba a su hija (Emily) para pasar unas misiones conmigo en México, sé que la experiencia de misiones es difícil pero que siempre es un buen  motivo para reunir unas buenas experiencias para la vida. Por eso me atreví a invitarla, aunque siendo sincero me dio un poco de miedo pues mi sobrina es pequeña y sabía que podía irle mal en misiones. Al final mi hermana me dijo “ese es el chiste de las misiones batallar un poco”.

 

Abril 2014. Alex, Federico, escolapio y Emily
en la casa escolapia de Tijuana, unos días
antes de salir de misiones.


Días antes llegaron a Tijuana mis dos sobrinos, Alex iría a Ensenada con mi hermano. Al llegar a Mexicali mi sobrina me expreso un poco que tenía miedo y que no entendía como a los demás misioneros les gustaba estar en ese lugar, pues era feo y con mucha basura, (Here, it´s dirty with trash at every 5 steps. It´s hot, and I have no clothes left. I miss my friends. I hate everyone here. Their all so annoying, but that’s not the worst thing, it´s so boring here) fue un momento de crisis y de no querer estar ahí, le pedí que le echara ganas, también en el primer día le pedí que le ayudara a dos niñas, una de ellas era Heidi. Ella comenzó a abrirse, a sonreírles a ayudarles, al final del día estaba más tranquila yo creo que Dios se le acercó al corazón cuando ella vio como sonreían esos niños.

 

Abril 2014. Josué, Luis, Federico, escolapio, Larissa,
Estefanía, Emily, Jazmín, Ana, Jessica yel P. Julián,
equipo de misioneros que estuvieron en la colonia
San Martín Caballero en Mexicali.

 

En una de las tantas hojas olvidadas por la casa ella escribió: “So I feel a little frustrated because I can’t go home, I have not my bed, no food, I'm angry no one listens, no one understands me, no one is there for me, but I have to be there for them”. (Así me siento, un poco frustrada porque no puedo ir a casa, no tengo mi cama, no hay comida, estoy enojada nadie me escucha, nadie me entiende, nadie está allí para mí, pero sé que tengo que estar ahí para ellos). Creo que ahí, en ese encuentro con ella misma y con Dios, fue su mejor momento, cuando aceptó ser misionera. Bueno no es mi historia es la historia de Emily la que queremos que conozcas, aquí está un poco de su sentir como misionera.

Mi nombre es Emily Luna, vivo en Los Ángeles, California. Mi tío (Federico Castillo, escolapio) vive en Tijuana, México y me invitó a ir de misiones con él, (es) en donde se ayuda a niños, adolescentes y adultos. Al principio, cuando me invitó, yo no estaba segura de lo que era, pero mi mamá me dijo que era algo divertido, así que decidí darme la oportunidad.

Cuando llegamos por primera vez a Mexicali estaba nerviosa y pensé que era el final de mi vida, porque hacía mucho calor, tenía millones de dolores de cabeza, nos bañábamos con agua helada todas las mañanas y por último no tenía mi iPod!

 

Abril 2014. Emily y Heidi compartieron lindos
momentos durante los días de misiones en
Semana Santa.

 

Después de todo (lo que pasamos) pensé que valía la pena. Pusimos sonrisas en los pequeños rostros de los niños; a pesar de que a veces yo quería que se fueran solo por un día, conocí a mucha gente amable, pero una persona que siempre tendrá un lugar en mi corazón es Heidi.

El viernes, yo estaba sentada con otras tres misioneras, Estefanía, Larissa, y Jessica en la cama, estábamos hablando de que queríamos irnos a casa cuando mi tío llegó a decirnos: “Dios, Jesús, está en la mesa tienen que ir a ver”. Le dije: “mentiroso, murió hace años”. Pero todos repetían la misma cosa una y otra vez, así que fui a ver…

 

Abril 2014. Misiones de Semana Santa. Las
misioneras comparten amor, alegría y comida
con los pequeños que llegaron a visitarnos.

 

Vi a 5 niños sentados en la mesa, estaban comiendo del pollo que la gente nos había dado a nosotros. Uno de ellos tenía agujeros en sus zapatos, tenían las caras sucias, como si no se bañaran. Al final me quedé allí para entender lo que querían decir con “Dios está en la mesa”. Todos empezamos a hablar con los niños pequeños. Pero quedamos impactados cuando nos dijeron que en su casa solo comen una taza de fideos. Hasta el día de hoy no puedo sacar de mi cabeza las imágenes de aquellos niños en la mesa.

Mientras estaba en estas misiones aprendí muchas lecciones de vida y de cómo debo apreciar lo que tengo. Fue una primera experiencia impresionante. Me sentiría muy feliz de hacer este viaje de nuevo, en esa ocasión no me importaría que tuviera que pasar un día entero sin comer.

 

 

Emily Luna
Misionera de L.A. en San Martín Caballero, Mexicali B.C.
Abril/2014

 

 

 

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