MISIONES EN TIJUANA 2011
"Con corazón escolapio"

 


Mi nombre es Ángeles Pérez García y soy de Ensenada, Baja California. Tuve la oportunidad de vivir la experiencia de misionar junto con cinco jóvenes, también de Ensenada -Eduardo, Juan, Felipe, Diego y Gris- y con dos chicos de Tijuana -Yhomara y Josué-, coordinados por Gris Herrera y el Hno. Benjamín Castillo, escolapio. Trabajamos con la comunidad de la Parroquia de Fátima, que es dirigida por los Padres Escolapios de Tijuana, Baja California.

Este año por primera vez me animé a misionar, y digo me “animé” porque las invitaciones a vivir esta experiencia nunca han faltado; año con año había alguien que me invitaba. ¿Por qué nunca acepté? No estoy tan segura. Ahora, después de haber vivido la experiencia, cada vez me lo cuestiono más: ¿por qué dejé pasar esas oportunidades?… tal vez por miedo, dejar mi casa y salir a un lugar desconocido, entregar las vacaciones... en fin, ahora no vale la pena pensar en lo que pudo ser, si no en lo que fue y lo que será.

 

Griselda y Ángeles (a la derecha) con la Sra. Mary,
vecina de la colonia México.

 

Desde el corazón digo que esta experiencia dejó huella en mi vida. Reconozco que fue difícil tomar la decisión de lanzarme a esta aventura, tenía la inquietud pero aún así me resistía, pero al final me decidí, con miedo a lo nuevo, a lo diferente, pero segura de que estaba llamada a este servicio. Algo que me animó más y que les comparto fue una canción que escuché. La puso Fernando en una de las juntas de formación. Una de las frases de la canción decía “hay que atreverse a vivir de forma distinta”; esa fue mi inspiración.

Llegado el día de partir, todos íbamos algo inquietos. De las seis personas, que íbamos de Ensenada, ninguna había vivido la experiencia anteriormente, así que íbamos con la expectativa de lo que podría pasar y pensando en los comentarios de la gente cuando les decíamos que iríamos a Tijuana -nunca faltan los que la relacionan con la delincuencia, con la inseguridad, con el miedo. Sin embargo, al llegar, todo lo antes dicho parecía una broma; descubres la bondad de la gente, el gran corazón. Llegamos y la gente nos abrió las puertas de sus hogares sin preguntar, sin cuestionar, y entonces dices: ¿cuál miedo? Si te sientes como en casa, si la gente te abre los brazos, te abraza y te da un beso como si fueras de la familia, los niños llegan y no dudan en abrazarte y con el transcurso de los días no faltaba quien te preguntara si volverías el año que viene, pasas por la calle y la gente te saluda, pareciera que has vivido por mucho tiempo ahí y luego llega el momento de partir y una parte de ti quisiera quedarse.

Pero no todo es convivir con la gente y ya; es enseñar y es aprender. Esa es la verdadera razón de salir de casa a un lugar desconocido, ir a compartir lo que sabemos, lo que hemos vivido, nuestra experiencia con Dios, que sin Él, nada de esto sería posible y qué mejor tiempo para hacerlo que en la Semana Santa. Así, para cumplir nuestra misión tuvimos actividades con los niños y jóvenes. Al principio cuesta adaptarse. La realidad de Tijuana es muy diferente, cómo se comunican, las cosas que algunos han vivido impactan al principio; pero al final todos somos iguales, con la misma necesidad de amor, de comprensión, de apoyo, de esperanza y eso fue lo que intentamos ofrecer Gris, Eduardo, Felipe, Diego, Yhomara, Josué, Juan, Benjamín y su servidora. En esta semana entregamos el corazón en cada tema, juego y dinámica.

 

Misioneros y niños haciendo ranas de papel, en una
de las tantas actividades desarrolladas en Semana Santa.

 

Y qué decir de la experiencia con Dios, que estuvo presente en cada momento, que vimos en esos rostros que jamás olvidaremos, que fue Él que nos brindo la paciencia para estar con los niños y nos dio las palabras necesarias para llegar a los jóvenes. Ese Dios que no nos abandona, que al contrario nos anima a seguir. Ese Dios que me responde cuando menos me lo espero.

Personalmente regresé a Ensenada feliz, renovada, revitalizada, con nuevos sueños y esperanzas, con ganas de hacer más, de aportar, de trabajar y con la certeza de que se puede encontrar la felicidad en el servicio, en la entrega.

GRACIAS TIJUANA por recibirnos, gracias Escolapios que me han enseñado tanto, gracias familias que nos hicieron sentir parte de ellas, gracias niños por contagiarnos de su alegría, gracias jóvenes por escucharnos y sobre todo Gracias DIOS por elegirme.

 

 

Ángeles Pérez García
Desde Ensenada, BC
Abril/2011

 

 

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