MISIONES EN ENSENADA 2011
“Un reto, un corazón: ambos de Dios”

 

 

Hola, soy Belén González Villalva, tengo 19 años y éste es mi quinto año como misionera. Cada año se vive una experiencia única e inolvidable. Pero este año fue mucho más, porque asumimos muchos retos; entre ellos, aprender a trabajar sin ningún escolapio que estuviera orientándonos durante esos días.

El equipo de misioneros de Tijuana, que fuimos enviados a Ensenada, se dividió en dos grupos: uno para apoyar a la comunidad de La Joyita y otro para la de Loma Linda, adonde nos tocó ir a cuatro jóvenes: Sócrates, Julián, Paloma y yo. Me pareció perfecto cómo nos dividieron, pues con los tres me llevo muy bien, aunque no los conocía mucho en su persona, pero esta semana me sirvió para convivir un poco más con ellos.

 

El equipo de misioneros de Tijuana en Loma Linda, Ensenada:
Sócrates, Paloma, Belén y Julián.

 

Llegamos el sábado a Ensenada y primero fuimos a la Parroquia del Sagrado Corazón (Iglesia de Piedra). Platicando con tus compañeros de Tijuana te das cuentas que para algunos es su primer año de misiones; otros ya han vivido esta experiencia. Pero aun así es como si entraras a un mundo desconocido; nada es igual. El temor te invade, te preguntas cómo será tu misión esta vez, pero es más la emoción que llevas por dentro.

Cuando estás ahí, recuerdas todo lo que has vivido en años anteriores (este año es mi segunda vez como misionera en esta comunidad), ves a los niños que estuvieron acompañándote en ese año y que ahora ya son jóvenes, más altos que tú, chicos y chicas hermosas y que aun te recuerdan; es emocionante. La primera expresión que tienes es una sonrisa enorme en tu rostro y un gran abrazo caluroso. Qué decir de las señoras que a pesar del tiempo te siguen considerando de tu familia. Te invaden los recuerdos y esos se convierten en risas y en temas de conversación muy interesantes. Esto te hace sentir en casa.

Han llegado los días de trabajo. Domingo de ramos, hay que preparar todo para este día, cortar y colocar palmas, limpiar la capilla, quitar y poner telas. Nada difícil. La celebración ha salido muy bien, salvo a que no toda la gente es de religión católica y ven esto como “brujería” (eso fue lo que gritó un señor de un aspecto poco agradable). A pesar de eso, se ignoró y seguimos con nuestra celebración. Ha llegado la hora de preparar el día lunes: actividades con niños, jóvenes y adultos. Nos reunimos el equipo de Ensenada y Tijuana. Somos un total de nueve misioneros entre ambos equipos. Nos sentamos en círculo y bromeamos un poco para adquirir confianza. Las miradas se cruzan, nos miramos unos a otros. Hasta que habla Andrea, una chica de Ensenada. Hicimos la actividades entre todos, perfecto, ya tenemos el primer día. Poco a poco, día tras día íbamos preparando las actividades.


Con los niños…

Recién bañaditos, frescos y con unas ganas enormes de trabajar, llegamos a la capilla. Recibimos alrededor de 35 niños el primer día, ¡genial! Nos encontramos rodeados de mucha alegría, caras conocidas y cambiadas. Niños y niñas que te roban el corazón desde el primer momento. Ambos equipos trabajamos muy bien. Las actividades con los niños estuvieron perfectas: juegos, cantos, risas, abrazos, besos. El número de niños va aumentando cada día, casi 50 niños. Con muchas ganas los disfrutamos. ¡Qué alegría es ver esos rostros con sonrisas enormes y que te reciban siempre con un abrazo y un beso! Trabajar con los pequeños, experimentar, transmitir y sentir el amor de Dios en otros corazones es una bendición.

 

Todos los misioneros de Ensenada y de Tijuana en Loma Linda
junto a los niños que participaron en las actividades.

 

 

Con los jóvenes…

Como es posible que tus niños hayan crecido tan rápido. Antes jugabas con ellos como niños y ahora les das temas y trabajas un poco más en lo personal con ellos.

El primer día, Andrea trabajó el tema con los jovencitos que vinieron. Solo cinco. Participativos todos. Pero yo quería más. En los otros días estuvimos solo los misioneros de Tijuana y recibimos a más de 12 jóvenes. Este fue el reto más grande. Ninguno de nosotros había trabajado con jóvenes: ¿qué vamos a hacer? ¿quién dará el tema? ¿cómo lo haremos? ¡Daniel! ¿por qué no estás con nosotros? Rostros llenos de angustia y miedo, pero con muchas ganas de trabajar con los jóvenes. Sócrates y yo nos pusimos a recordar las actividades que habíamos vivido en retiros, sacamos algunas ideas, pero, ¿quién dará el tema? ¡Oh por Dios! No podré hacerlo yo, nunca lo he hecho, ¿qué diré? Los nervios me invaden, se quiebra mi voz. Dios mío pon tus palabras en mi boca, abre mi corazón y ayúdame a transmitir tu amor y mi poca experiencia que tengo sobre ti. Así pasamos los tres días con los jóvenes. En el último día, Paloma, la menor de nosotros, dio el tema junto conmigo. ¡Qué reto tan grande he pasado!, pero me siento satisfecha de haberlo logrado, salió todo muy bien. Los cuatro estuvimos muy contentos, somos un equipo. Afuera de la capilla éramos como amigos con los jóvenes, nos trataban como uno de ellos, nos tomamos cariños; es increíble cómo en una semana puedes ganarte los corazones de los demás.

 

El equipo de misioneros de Tijuana junto a los jóvenes
de la colonia Loma Linda, en una imagen para el recuerdo.

 

 

Con los adultos…

Al igual que con los jóvenes, con los adultos, después del primer día, nos quedamos solitos también. Aquí recibimos a tres señoras el primer día y a seis señoras y un señor el segundo. El primer tema lo impartió Andrea y el segundo, yo. ¡Qué difícil es hablarles a los adultos! Mantienes tu corazón abierto hacia ellos dejando entrar y salir todo de ti, tus pocas experiencias, el amor de Dios en ti. Hablar de perdón, reconciliación, amor. Temas complicados para una persona inmadura. ¿Qué podré decirles, cómo les hablo? De nuevo Señor, me pongo en tus manos y te pido por estas personas para que abran su corazón y se dejen tocar por ti a través de nosotros.

Muy amables, atentos, pacientes con nosotros, nos permitieron hablarles y compartirles nuestras experiencias; se dejaron llevar. Todo ha salido muy bien, me ha quedado la satisfacción de haberles tocado el corazón y que me hayan permitido entrar. Una sonrisa, un abrazo, un beso y un gracias es el mejor regalo que he recibido, después de haberme sentido insegura, nerviosa por no saber como transmitir el amor más grande que hay, el amor de Dios.


Las Celebraciones…

¿Cómo se arregla el jueves, cómo el viernes, cómo el sábado, qué colores se usan, qué se hace, qué dice el manual…??? Cuantas preguntas y no hay nadie que nos auxilie: ¡Dani! ¡P. Cruz! ¿Qué haremos?

La comunidad estaba muy organizada, tenían las lecturas, los elementos para las celebraciones, pero ¿los arreglos? No sabemos sobre eso. Qué difícil es esto. Me invade el estrés, la angustia, los nervios. Hemos logrado hacer los arreglos con la información que nos han proporcionado. A pesar de todo pudimos resolver las dificultades, todo ha salido bien, arreglamos muy bien la capilla, se ve hermosa, llena de flores el día sábado; las celebraciones, excelentes.


Nuestro Hogar…

“Mami y papi” son muy lindos, estas son las personas que nos recibieron en su hogar, sus nombres son María y Ricardo, un matrimonio alegre y con unas sonrisas enormes siempre en sus rostros. Fueron muy atentos con nosotros, nos trataron como sus hijos, sus comidas deliciosas, sus atenciones únicas, nos cuidaban demasiado. Me sentía como en casa.


Mi equipo de misioneros…


A pesar de conocerlos desde antes, no me había tocado compartir con ellos por mucho tiempo. Fuimos todo un equipo, unido. Éramos como hermanos, siempre juntos, nos apoyábamos unos a los otros, aunque también nos llamábamos la atención, sobre todo yo. Pero los quiero. Aunque somos muy bromistas, nos tenemos cariño.


Cada misión es única, cada una tiene su propia enseñanza y sus propios retos, que nos hacen crecer cada día a nivel personal, social y espiritual. El amor de Dios es el mejor de todos y le doy gracias por haberme permitido vivir nuevamente experiencias en donde su amor se ve más marcado, aunque no entiendo porqué solo hay que recordarlo en momentos de dolor. ¿Por qué no vivir su amor todos los días, si Él siempre está presente en cada uno de nosotros? Sólo me queda decir agracias a todas las personas que nos permitieron tocar su corazón y sus hogares y que a pesar de no conocerlos nos abrieron las puertas y nos llenaron de mucho cariño. Gracias y Dios les bendiga siempre.

 

 

Belén González Villalva
Misionera de Tijuana
En Loma Linda, Ensenada
Abril/2011

 

 

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